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Tu psicólogo en Dos Hermanas de confianza lleva unas semanas hablando de lo mismo: de esas personas que se conocen normalmente como superdotados, aunque el término no sea el adecuado. ¿Y eso por qué? Porque nuestra mente simbólica y mítica asocia directamente ese nombre que comienza con súper con algo así como superpoderes, superhéroe,  supermaravilloso o superquepuedescontodo. ¡Y nada más lejos de la realidad de los niños con altas capacidades o de los adultos de esta condición! 

Es más, a veces estas personas demuestran una fragilidad emocional o espiritual (por el choque entre su mente y sus sentimientos) que le llevan al dolor anímico. Por eso, se hace imprescindible no solo conocer sobre el tema antes de opinar (se debería llevar a cabo esta premisa a rajatabla en cualquier asunto, pero cuando tratamos con personas con aún más cuidado). Y hoy seguimos tratando sobre esta condición que la manifiestan, al menos, el 1% de la población. 

¿Cómo reconocemos a los niños con altas capacidades? ¿Qué les caracteriza y les distingue de los demás? Sin olvidar que cada ser humano es único sí tienen una serie de comportamiento homogéneos que nos pueden llevar a intuir que estamos ante este hecho.

1.- Los niños con altas capacidades suelen exigirse mucho y se frustran con facilidad

Esta es una característica llamativa. El mundo tiene que ser perfecto y ellos son exigentes con los demás y consigo mismos. Ni que decir tiene que esta  circunstancia (como las de la siguiente lista) no tiene por qué estar en todos los niños. 

2.- Es normal que los niños con altas capacidades se aburran y se refugien en su mundo

Hay ocasiones en las que se diagnostica esta condición porque ¡hay malas notas! ¿Y cómo puede ser eso en niños que se supone son más inteligentes que la media? Sencillamente, porque no muestran ningún interés por atender contenidos repetitivos. Ellos las cazan al vuelo y consideran que las enseñanzas normalizadas de clase no les aporta absolutamente nada. Por tanto, tienden a refugiarse en un rico mundo interior donde son dueños y señores de su ensoñación. 

También es frecuente que los niños con altas capacidades se confundan, en algún momento, con TDA. Por eso, hay que estar muy atentos y pedir ayuda profesional a la más mínima duda. El futuro y la felicidad de nuestros hijos va en ello. 

3.- A veces se diagnostican a niños con altas capacidades tras un proceso de bullying

Es tristísimo pero es muy normal que estos niños y niñas (con intereses distintos a la media) sean víctimas de bullying por ser diferentes. En ese proceso, intervienen los adultos, psicólogos y orientadores y es cuando se dan cuenta de esta condición. Al horror del maltrato emocional y/o físico se suma en estos niños con altas capacidades una condición que hasta entonces había estado agazapada y que ha estado moviéndose en su contra. 

Todos los adultos implicados con estos pequeños tenemos que ser conscientes de que se sienten diferentes desde muy temprana edad. Al verse distintos del resto de los niños, si no sabemos llevarlos, pueden desarrollar una baja autoestima, germen de otros males. 

4.- Aunque puede haber incluso malas notas y graves problemas de rebeldía los niños con altas capacidades se interesan por la lectura

Como hemos indicado antes puede haber lo que se denomina fracaso escolar. Eso no quita para que estos pequeños sean muy curiosos (con su forma de aprender y de investigar). Por eso, es frecuente que se interesen por la lectura (y no precisamente la del canon). Buscan textos que se adecuen a sus intereses y eso no tienen por qué ser los normales de su edad. 

5.- Ya se ha demostrado que los niños con las altas capacidades tienen una sensibilidad más acusada

Tenemos estudios científicos que han demostrado (incluso por métodos analíticos) que los niños con altas capacidades tienen más desarrollada el área cerebral de la emoción. Para ellos la tristeza es más profunda, la alegría más genial y son capaces de ser más selectivos a la hora de instalarse en sus sentimientos. Además, tienen una sensibilidad física más desarrollada. Les molesta la luz del sol excesiva, las etiquetas de la ropa o cualquier prenda que pique. 

6.- Los niños con altas capacidades necesitan el amor como cualquier otro niño 

Es una obviedad tan evidente que hay padres que llegan a olvidar esto convirtiendo en una barbaridad la existencia del pequeño. No por ser niños con altas capacidades son adultos instalados en la sabiduría que ya pueden superar todas las contingencias del mundo. ¡Ni mucho menos! Son niños como otros niños e, incluso, a veces, más frágiles. Esta es una de las razones por las que no nos gusta la palabra superdotados aunque la hayamos puesto en alguna ocasión. Hay que recordar en todo momento que son niños  pequeños que necesitan de la validación y el acompañamiento de los adultos para su sano crecimiento. 

7.- Suelen interesarse por temas “impropios” de su edad

No es infrecuente que desvíen la conversación hacia temas trascendentales, religiosos o de actualidad cívica. Se preocupan por el medio ambiente, por el hambre en el mundo, por las enfermedades en los países pobres, por el subdesarrollo, por las guerras o conflictos armados. Si le preguntamos, seguro que tienen una idea para solucionar estas lacras. ¡Y será genial! 

8.- Los niños con altas capacidades tienen un elevado sentido de la justicia social

En este sentido, no soportan la mentira y son capaces de reconocer a muy temprana edad valores abstractos como pueden ser la lealtad, la humillación, el placer por el trabajo bien hecho, la maldad enfrentada a la bondad. 

9.- Los niños con altas capacidades (sí o sí) demuestran un alto espíritu creativo 

Si no es así y no están constantemente inventando (lo que sea) no puede decirse que sean niños con altas capacidades. Esto puede ser desde escribir un poema, componer una pieza al piano, pintar un cuadro hasta darle solución a problemas complejos de la vida cotidiana. 

10.- Y colocamos ahora la más evidente porque seguramente los padres conocerán la última

Su cociente intelectual en las pruebas que se realizan por un psicólogo especialista o por el equipo de orientación del colegio rondan los 130 puntos. En Andalucía entran en el Programa Séneca cuando han obtenido los 120 puntos. Y en otras partes del mundo es distinto, pero esta es la “nota de corte” más frecuente. 

¿Qué hacemos si mi hijo responde a estas características? 

Lo primero es no olvidar nuestra obligación más importante como padres que es amar a nuestros hijos. Bien es verdad que somos los guías en el difícil camino de su educación y por eso tenemos que tomar bastantes decisiones por ellos. En los últimos años se ha puesto muy de moda eso de acelerar (adelantar de curso) a los niños con altas capacidades. Debemos preguntarnos si eso responde a una necesidad real del peque o a un “desvalor” nuestro. No somos de juicio (¡no podemos serlo!) Eso no quita para que, como profesionales, demos nuestra opinión fundamentada. 

Recuerda que en juego está, nada más y nada menos, que la felicidad de tu hijo. De nada le servirá que sea un doctor con 25 años si acusa graves problemas de autovaloración, de inseguridades, de gestión de sus emociones o de inteligencia emocional a la hora de relacionarse con los otros. Más bien debemos trabajar en este sentido. ¿Por qué? Porque los niños con altas capacidades  (por ponerlo con un símil) se abren a la vida cabalgando sobre un caballo salvaje de pura raza. Tienen que aprender a controlar a su favor (y sin hacer daño a nadie) toda esa fuerza. Este tipo de herramientas y aprendizajes van a serle más útil para su futuro que el hecho, por poner un solo ejemplo, de que sea capaz de traducir a Plauto sin diccionario a los 13 años. 

Te recordamos que tu psicólogo en Dos Hermanas es especialista en niños con altas capacidades. También tratamos los problemas asociados a adultos que no han disfrutado de herramientas para gestionar esta fuerza a lo largo de su vida. 

¿Hablamos?

Por Candela Vizcaíno 

Doctora en Comunicación 

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