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Se llama Sofía pero puede llamarse Ana, María, Laura o Alicia. También pudiera ser Hugo, Carlos o Manuel. La de hoy es una niña con brillo en la mirada, sonrisa fresca y la carcajada rápida. Ve el mundo con el descubrimiento de las primeras veces y no intuye que a su alrededor aceche el mal. Porque eso es el bullying: el maltrato del cobarde. Sin juicio seguimos…

Se llama Sofía y aún no ha cumplido los 10 años. A pesar de su corta edad, ya conoce las heridas del desprecio, las cicatrices del silencio y el abandono de quienes deberían cuidarla. Aún no se ha preguntado por qué mientras se recupera en otra escuela de los abusos sufridos.

Los inicios de esta historia de bullying en el colegio. ¿Cómo empezó todo?

Estamos ante un grupo de niñas. Desde fuera todo parece normal y no hay nada inquietante. Se las ve en sus juegos en el patio del colegio, en los jardines del pueblo… La apariencia es de absoluta cotidianidad. Se las ve yendo y viniendo de un lado a otro, ¿compartiendo algún juguete? Ningún adulto sospecha la crueldad que se fragua dentro del grupo. Son seis chicas. Sofía es una de ellas. Quiere a sus amigas. Desea ser aceptada. Esa supuesta camaradería forma parte del aprendizaje de la vida. Pero el grupo está dominado por C. (luego seguiremos con ella) que lo lidera a la par que ejecuta órdenes y direcciones.

Seguimos con la historia…

C. Decide un buen día que sería divertido ir a acosar a otro grupo de chicas. Son sus rivales. Aún no ha explicado en qué o de qué. Y que sus amigas deben demostrar su lealtad ejecutando sus planes. Primero es una palabra sacada de tono. Luego son risas cuando algunas de las niñas se cae. Se continúa con habladurías sobre las otras chicas del otro grupo para continuar con el acoso físico.

Continuamos con esta historia de bullying en el colegio

Sofía, corazón noble, inteligente y buena, no entiende este juego de acoso y derribo del contrario. Para ella (sin poder atinar a ponerle nombre) la dignidad debe respetarse. Por eso, sin dejar a sus amigas, no quiere participar de esta particular guerra. Cuando siente que el bando contrario ha sido ultrajado se pone de su parte.

Continuamos con esta historia de bullying

Sus dones de corazón se vuelven en su contra para la historia que estamos contando. Porque esos mismos son la base de toda su grandeza. C. Líder del grupo de Sofía, se da cuenta de este gesto de bondad de nuestra pequeña protagonista. Y… toda su ira se vuelve contra Sofía. Ya tiene una víctima perfecta. Es la niña que no quiere hacer lo que hacen las demás. Es un chivo expiatorio fácil. C. Consigue volver a todo el grupo contra ella. Coge cualquier posible defecto y lo magnifica. Hace que los demás la vean como una enemiga a abatir y cualquier acción contra ella está permitida.

¿Por qué Sofía es la víctima “adecuada” para sufrir bullying en el colegio?

Es la niña que no ha cumplido las “normas” del grupo. Ha pensado por ella misma y su castigo va a ser atroz. Comienzan por robarle el bocadillo del recreo, continúan por hacerle el vacío como si no existiera. Tanto es así, que, incluso, cuando Sofía habla en el grupo actúan como si no existiera, como si no estuviera allí. El acoso sigue propagando rumores y atacándola con bulos infames y chismes inventados. Progresivamente todos los niños del colegio comienzan a ver a Sofía no como una persona, como una niña como los demás, sino como un bulto o trasto que se puede maltratar. Un día un grupo de niños acorralan a Sofía en un rincón y empiezan a golpearla de manera tan brutal que los mayores tienen que intervenir.

Comienza en ese momento un preguntarse los porqués y las razones de los actos de los niños. En una asamblea promovida por la maestra salen a relucir todos los maltratos, todas las calumnias, todos los gestos infamantes y difamadores vertidas sobre la pequeña.

¿Por qué cayó Sofía ante un bullying tan atroz? ¿Por qué lo hacen las víctimas?

En cualquier proceso de maltrato (aunque este llegue a lo físico) se comienza con un acoso y derribo de índole psicológica. Este se hace poco a poco y continuado en el tiempo, con pequeños gestos de maldades que van minando hasta extremos terribles la autoestima de la víctima. Esta acaba por creerse todas las calumnias vertidas sobre ella y llega a un punto que no se siente merecedora de nada. Comienza normalizando que le roben, que no quieran jugar con ella, que no le hablen en el recreo, que no tenga una amiga. Y que la depresión en la que está sumida es lo normal.

También pasa por su cabeza y corazón todo esto…

Continúa aceptando que la persigan, la calumnien vilmente, la rodeen para humillarla e insultar y… que la golpeen. La víctima se cree que ella es la culpable de aquello que le pasa. Por eso, se hace complicado que hable con padres, maestros o adultos. Tienen la autoestima tan baja que no son capaces de identificar este hecho como un problema. Son los adultos los que tienen que marcar el rumbo de lo que está bien o mal. Los niños están perdidos en un mundo que no saben cómo funcionan. Están aprendiendo. Y pueden llegar a aprender que un insulto es normal o que un acto aberrante es disculpable.

¿Cómo deben actuar los adultos ante un bullying en el colegio?

El caso de Sofía pone sobre la mesa la pasividad de los mayores a la hora de identificar conductas impropias. Los pequeños que sufren bullying pierden su alegría innata, se hacen más rebeldes, desconfiados y, en ocasiones, como respuesta, se vuelven agresivos. Es normal que, de traer buenas notas, comiencen a suspender. Las pesadillas se hacen recurrentes y la desconfianza se instalan en sus vidas. Eso fue lo que pasó en el alma de Sofía y nadie se dió cuenta hasta que la situación llegó al extremo que se necesitó la intervención de la policía.

¿Qué ocurre en la mente y el corazón de un niño que insta el bullying?

Y ahora qué hacemos con Sofía y con C., la instigadora de esta cruel e innecesaria guerra. ¿Qué pasa por la cabeza y el corazón de una niña pequeña que organiza esa caza y captura contra su compañera? La pregunta quizás sea dura, pero ¿qué modelo tiene en su casa para que una niña que está aprendiendo a andar por la vida se comporte así? ¿Qué respuesta da los padres de C y del resto de los niños acosadores ante el problema? ¡Ninguno! Por eso se da el bullying, el más atroz de los maltratos ya que se ceba en niños.

¿Ahora qué se hace para restituir la convivencia? Desafortunadamente, Sofía, como otras víctimas de bullying, optan por retirarse. Son ellas las que tienen que cambiar de colegio, incluso de barrio y de mundo para alejarse de esas humillaciones. Los protocolos, cuando el problema ha explotado, no funcionan cuando se trata de “reinsertar” a la víctima en su entorno. ¿Es justo? ¡Claro que no!

¿Qué se puede hacer ante un caso de bullying tan atroz?

En primer lugar, hay que poner todos los esfuerzos para que esto no suceda. No vale mirar para otro lado o que sean cosas de críos. Sofía ha tenido que cambiar de colegio. La alegría de su cara ha desaparecido. Muestra signos alarmantes de estrés postraumático. Su autoestima está tan dañada que necesitará una larga terapia para reconstruirla. Y eso sin contar el sentimiento de culpa de aquellos que, de buena fe, deberían haberla protegido. Y aún Sofía se pregunta por qué. ¿Por qué una pequeña de tan corta edad ha tenido que sufrir ese acoso tan brutal? ¿Qué de malo hay en ella para que los otros, los que están alrededor, se ensañen con ella? ¿Por qué han fallado todas las alertas?

En el bullying siempre hay crueldad…

A esta pregunta, con toda la crueldad, se responde con facilidad: porque es complicado entender esta crueldad en niños tan pequeños. Lo fácil es achacarlo a “cosas de niños” o, aún peor, revictimizar al que está sufriendo tildándolo de falta de resilencia o que no es capaz de adaptarse a las demandas sociales.

Si estás en Dos Hermanas o cerca te podemos ayudar con el bullying

Ante un caso de bullying se necesita la actuación coordinada de padres (de los acosados y de los acosadores), de los profesores y de toda la sociedad. Y parece que no estamos dispuestos a hacer ese esfuerzo. Por eso el bullying sigue avanzando y es una auténtica lacra social. El egoísmo de las familias tampoco contribuye a eliminar el bullying.

¿Conoces a algún caso? ¿Necesitas ayuda? ¿Has sufrido algo similar? Te recordamos que tu psicólogo de Dos Hermanas te va ayudar si estás inmerso en este problema tan grave.

Edición de foto y texto por Candela Vizcaíno

Doctora en Comunicación

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